Como en la mayoría de los casos, las raíces del movimiento Against pueden rastrearse desde mucho antes de su surgimiento. A inicios del siglo XXI, por no retroceder más, ya había una amplia gama de núcleos ideológicos y de tendencias que hoy identificaríamos sin titubear como aguenstistas: negadores del cambio climático, políticos aficionados, medios de comunicación sesgados, conspiracionistas, partidarios de nuevas religiones, etcétera. Al mismo tiempo, con el florecimiento de las redes sociales y el mundo virtual, se sumaron especímenes salidos de las incontables legiones de haters, “trolls” e influencers.  En cualquier caso, si algo salta rápidamente a la vista es que los principales caldos de cultivo del Against fueron desde el inicio la política y el internet.

En el primer campo, los primeros ejemplos son obvios: pseudocientificistas y negadores de la ciencia, grupos antivacunas, ortotanasistas, neocreacionistas, etc. Los analistas consideran un caso ejemplar a los grupos antiderechos de la segunda quincena del siglo porque exponen la actitud general que fueron adquiriendo todas estas corrientes. La mexicana María Eusebia Sarzarriba, en su libro Las viejas élites en los nuevos tiempos, da la siguiente explicación:

El Vesubio ultraderechista de esos años, demostrado en primer lugar por el Brexit y las elecciones norteamericanas [sic] de 2016, puso de manifiesto un fenómeno intrigante, a saber, que los blancos de clase media y baja cuya raza, heterosexualidad, etc., no los salvaron de sufrir bajo las crisis acumuladas, voltearon a ver a las minorías que con los años y a duras penas habían conquistado terreno, y en su prejuicio los convirtieron en sus chivos expiatorios. Con un cinismo que Peter Sloterdijt, acaso querría analizar, concluyeron que los desplazados los habían desplazado a ellos.

Lo relevante para la Historia del Against recae en que parte de este “fenómeno intrigante” consistió en una especie de reivindicación del racismo, la xenofobia y demás prejuicios. La autora citada, eventualmente estudiosa asidua del Against, indica que, con el ascenso de nuevos líderes abiertamente proto-fascistas:

Hubo, sin lugar a duda, un empoderamiento de los antiguos racistas y discriminadores que poco antes tenían que guardar sus odios bajo el yugo de la corrección política, la sacralidad de los derechos humanos y otros principios enarbolados como incuestionables por el progresismo, que señalaba la oposición a los mismos como fruto de la ignorancia (como dijo alguna vez Silva-Herzog) o de una moral errada y anacrónica.

Por supuesto, las “élites desplazadas” desdeñaron esa retórica que los tachaba de dinosaurios, apoyada por muchos intelectuales y, en ciertos casos, por la ciencia, en tanto ésta refutaba con evidencia empírica muchas de sus ideas. Así explicado, no es de extrañar que este tipo de personas encontraran, eventualmente, una zona de confort en el movimiento Against.

Sin embargo, y aunque suene increíble, el caso de las posturas antiderechos (para entonces ya veteranas) es comparativamente uno de los más racionales entre los precursores inmediatos del Against, si tomamos en cuenta lo siguiente: en esa misma época, también se gestaba una tendencia generalizada a la discordia. Empezaron a proliferar los desacuerdos en cualquier tema y con cualquier argumento, por más absurdo que se antoje; algo que cierto escritor exasperado llamó “disidencias ramplonas”, señalando que el asunto casi parecía una moda: “Es como si la gente quisiera a fuerzas discutir por algo”.

Un ejemplo particularmente ilustrativo se dio, sorprendentemente, dentro de la comunidad género-diversa (LGBTQ+). Una mujer logró cierta notoriedad mediática al intentar difundir su teoría de que únicamente la homosexualidad femenina puede ocurrir naturalmente, mientras que la masculina es un trastorno padecido por hombres psicológicamente vulnerables, criados en la cultura patriarcal, cuando comprobaban la falsedad de ésta. Un hombre confrontó dicha hipótesis con una propia, que sostenía exactamente lo contrario: que la homosexualidad masculina era natural en tanto el lesbianismo era un síntoma que algunas mujeres sufrían ante la mediocridad de los varones heterosexuales y el patriarcado. Aunque estudiosos y activistas serios se desligaron inmediatamente de estas ideas y se esforzaron por demostrar su carencia de fundamentos, el escándalo burdo casi siempre prevalece sobre las sólidas refutaciones ilustradas, y estas “teorías” fueron recibidas con entusiasmo por el pasivo público neutral; eso mismo ocurrió con todas las “disidencias ramplonas”.

El caso anterior demuestra un punto importante: el Against no emergió únicamente dentro de la derecha. Como el reputado crítico cultural Joseph P. D. F. Hansleistergrum-Jones ha señalado en varias ocasiones, la firmeza ideológica no necesariamente alcanza para limpiar de vicios el carácter. Las primeras manifestaciones Against aparecieron dentro de todas las posturas políticas, pues en todas partes hubo personas que se dejaron seducir por esa aparente “necesidad de discrepar por discrepar”.

Más fundamental fue lo que ocurrió con la percepción hacia las ciencias duras. Ya se han señalado una variedad de posturas (negación del cambio climático, antivacunas, etcétera) que se podrían agrupar bajo el calificativo de anticientíficas, por desafiar consensos oficiales que contrarían sus creencias; en ese mismo tenor, la pseudociencia llegaba a buscar refutar dichos consensos con argumentos científicos, es decir, usar selectivamente a la Ciencia misma para “refutar” postulados bastante aceptados que no les convenían o reivindicar creencias sesgadas o insustanciales (huelga decir que lo anterior no tuvo nada de nuevo ni de exclusivo: los ejemplos previos van desde la eugenesia de los nazis hasta teorías psicológicas como las de Vincent Rue o las de Fredric Wertham). Finalmente, cerca de los años del Against surgió también el hipercientificismo, que culpa del fracaso del progreso y el abuso de la tecnología a las Humanidades, alegando que éstas siempre habían entorpecido el avance con su escepticismo y con elucubraciones morales que confundían a la gente. Hoy diríamos que todas estas posturas son “típicamente against”.

En cuanto al papel de la zona virtual, tema especialmente intrincado y extenso, podemos resumir que el internet siempre ha estado plagado no sólo de haters, influencers y noticias falsas, sino de gente que se definía por estar en contra de u odiar abiertamente algo; en ese sentido, resulta obvio que haya sido una cuna del Against.

Una de las figuras centrales en el estudio de este movimiento es el profesor Randall N. Harrisen, máximo y precoz crítico de los medios virtuales. Muchos antes de que los mismos empleados de la tecnología hablaran personalmente de estos problemas, Harrisen delataba cómo dichos medios daban rienda suelta y ofrecían impunidad al narcisismo, la prepotencia, la desinformación y la intolerancia, incluso de manera alentadora. Y, durante los inicios del Against, fue quien estableció tajantemente una relación entre la proliferación del odio en los medios virtuales y las características del fenómeno; en sus palabras: “Dada la mala voluntad amparada y protegida en la era digital, a la que se han acostumbrado las nuevas generaciones, ¿Debería sorprendernos que Against crezca de manera tan acelerada? Más bien debimos haberlo visto venir”. Inicialmente, Harrisen fue tachado de “radical” debido a lo agrio de sus recriminaciones, pero lentamente se fue comprobando su hipótesis. Su obra abrió el debate sobre si acaso el Against hubiera sido posible si el internet y las redes no hubieran servido tan gratuitamente como criadero de aguenstistas; es decir, si las fallas en el funcionamiento mismo del mundo virtual no habrán propiciado que este tipo de personalidad se extendiera.

Tenemos pues, que en el terreno de la política se dio una multiplicidad de “movimientos” que, por una u otra razón, se oponían a o renegaban de ciertos consensos éticos, científicos o políticos, percibidos paradójicamente como “un nuevo establishment”. Unos causaron preocupación por ser abiertamente reactivos, como es el caso de #YouNeither o Black lives are overrated, mientras que otros fueron, no por nada, tachados de paródicos: Las armas también cuentan, Education Sucks, Masacremos Pandas, #FnckYouInfinity, Tolerancia es Censura, Todoesunamierdamenosyo.com, Que vuelva la guillotina, etcétera. Pronto se volvió lógico calificar el fenómeno como “tendencia”, tal que sólo era cuestión de tiempo para que esta diversidad de contestaciones con tantos puntos en común se agrupara bajo un mismo sello y firma: “ImAgainst”.

En realidad, pasar de la aparición de esta frase al Against como tal es dar un salto engañoso. El uso de las varias derivaciones de ImAgainst se extendió inicialmente dentro de cualquier causa; fue con el transcurrir del tiempo que se hizo obvio que ciertas personas lo usaban con más proclividad y ahínco que otras, y el concepto “Against” se empezó a asociar directamente con una actitud común: beligerante, prepotente, insidiosa. Como consecuencia de la estigmatización, usada tanto por quienes repudiaban tal comportamiento como por quienes se enorgullecían de él, los primeros desecharon el término mientras los segundos lo siguieron suscribiendo. Por ejemplo, en un principio era frecuente en las redes ver por igual #ImAgainstQueers como #ImAgainstHomophobia, pero eventualmente fueron más miembros del primer grupo los que se identificaban con las implicaciones de la etiqueta. Un hecho elocuente es que los que más tarde se llamarían aguenstitas eran quienes frecuentemente usaban la versión paradigmática: #ImAgainstYou.

Sin embargo, este “Against” no duró mucho tiempo como una simple etiqueta; de inmediato diversas personalidades vieron en él una oportunidad altamente capitalizable. Pero para que sirviera a algún fin efectivo, el Against debía ser algo más grande: era necesario convertirlo en una marca, y si era posible, una institución. Hay varios nombres que influyeron en la oficialización del Against, pero su mayor impulsor fue sin duda Tim N. T. Oxprivies.

El reverendo Oxprivies, oriundo de Craksville, Alabama, era miembro de una corriente recién surgida autodenominada “alternatismo”, que en términos generales promulgaba la abolición de lo que sus adscritos llamaban “ideología estándar”. Éstos, entre otras cosas, se declaraban en contra de la defensa de las minorías, el desarrollo sostenible, la educación pública, los sistemas de salud, el pacifismo, la diplomacia, la existencia de la ONU, la laicidad y la ecología. Estipulaban que el “establishment intelectual”, defensor de tales principios, obstaculizaba el potencial de la Humanidad con sus supuestas “verdades”, soluciones pacíficas y “un moralismo ateo y santurrón”; promulgaban en cambio, la búsqueda de verdades alternas a las anteriores, encadenadas a la debilidad de la mal llamada sensatez. También proclamaban una “validez y necesidad” del odio, la agresión y la inflexibilidad como herramientas para expurgar la sociedad, especialmente en la política. Como se ve, la filosofía alternatista fue, desde su inicio, aguenstista.

Tim Oxprivies vio las posibilidades que representaba una alianza de todas las corrientes Against; ya sea que coincidieran o no, su actitud en común calzaba con las ideas de los alternatistas. Éstos estaban en miras de fundar lo que llamarían la Seeking Alternate Truths Iniciative (SATI), “Iniciativa Buscando Verdades Alternas”, abstracción eufemística que oficializaba sus intenciones, pero carecía de un plan concreto. Aunque todos ellos celebraban el incipiente Against, fue Oxprivies quien concluyó que éste era el futuro de la SATI, y fungió como su principal promotor. En una de las conocidas entrevistas que el susodicho (que eventualmente recibiría el apodo vandálico Sir Dynamite Bullshit) dio a las grandes cadenas televisivas estadounidenses, declaró:

Against es la prueba de que más y más gente alrededor del mundo está despertando. Las dichosas verdades del establishment ya no convencen a nadie: la gente quiere liberarse de toda esa gente sofisticada que les pide que se calmen, que mejoren como personas, que acepten que sus vidas sean regidas por su cháchara de cerebritos y buenitos [egg-heads and goodys blabber]. Nada de eso está haciendo el truco ya, la gente necesita más. Eso es lo que todo Against tiene en común, y nosotros lo apoyamos. Against no es una moda: es un movimiento, una verdadera revolución cultural y social.

Esa fue la primera vez que alguien llamó públicamente “movimiento” al Against. La mayoría de la gente lo consideraba sólo una extravagancia sintomática de los nuevos tiempos, y muchos ni siquiera lo consideraban una sola cosa; sin embargo, Oxprivies y sus colegas insistían en señalarlo como “el fenómeno cultural del siglo”. Y la campaña logró su objetivo: que todos aquellos que se identificaran con el nombre de “Against” se reunieran en torno a los alternatistas y la SATI.

Dicha unión, sin embargo, tardó un poco en volverse atractiva debido a la diversidad de las posturas involucradas, muchas de las cuales eran incluso antagónicas entre sí; también influía el hecho de que unas se sentían, con relativo fundamento, mucho más serias que las demás. Fue la habilidad retórica de Oxprivies la que logró superar esta brecha, al convencer a los miembros de que ideas opuestas que manifiestan la misma visceralidad y violencia son, justo por eso, más respetables y sensatas que las del “establishment intelectual” y merecen compartir un terreno común. Su frase célebre fue: “Todas las verdades valen mientras sean alternas, y mientras sean Against”. Incluso sugirió que la SATI organizara debates entre las facciones en desacuerdo, con la particularidad de que serían bienvenidos todos los insultos y, de ser deseado, las confrontaciones físicas.

El efecto fue tan irónico como sorprendente, facciones ideológicas que se odiaban a muerte accedieron casi con entusiasmo a coexistir: anticientíficos con hipercientíficos y pseudoceintíficos; creacionistas con desevolucionistas y supremacistas genéticos; católicos fundamentalistas con sectas satánicas; supremacistas con revanchistas; medievalistas con computócratas; anarco-fascistas con comunismo-imperialistas; la Coalición Las-Mujeres-al-Establo con la Liga por la Aniquilación Universal del Pene; etcétera, etcétera. En las palabras de Hansleistergrum-Jones, la SATI fue “el agujero negro, formado tras el sol inicial del Against, que jaló hacia él a todos los planetas de ese incomprensible sistema solar”. Sin embargo, con todo y el éxito de los poderes de congregación de Oxprivies, la SATI seguía padeciendo un problema: sólo existía como un nombre, le faltaba materializarse en algo concreto.

Mientras tanto, el internet estaba viendo su propia alianza Against. El surgimiento de los webcifists o pacifistas de la web, que buscaban eclipsar las tendencias agresivas del mundo virtual con muestras de buena voluntad, había aumentado el resentimiento de muchos otros internautas que ya se sentían empoderados por el complaciente #ImAgainstYou. Esto derivó en la creación de una comunidad hater en línea llamada Rematch Ideas, o coloquialmente RI. La iniciativa de rematchideas.org estuvo en realidad (se demostró eventualmente) financiada por un consorcio fantasma tras el cual se ocultaban gigantes de la industria del internet, que sabían que pocas cosas eran tan redituables para ellos como el conflicto. A diferencia de la SATI, el RI se consolidó casi de inmediato y sin problema; para cuando Oxprivies apenas consideraba haber reunido suficientes corrientes bajo su amparo, ya estaba se estaba celebrando la tercera convención Revenge-CON.

Oxprivies rápidamente concluyó que fusionar su dichoso movimiento con el tan afín rematchideas le otorgaba a la SATI la oportunidad de traducirse en algo tangible, y puso su talento para la posverdad al servicio de este fin. Inicialmente había tenido la intención de que el RI se subordinara a la SATI, como todos los simpatizantes del Against, pero el consorcio detrás del mismo no tenía intenciones de “subordinarse” a nada, por lo que Oxprivies propuso una alianza igualitaria, que se volvió oficial al celebrarse en Las Vegas la nueva SATI/RI-CON (los organizadores no estaban conscientes de la referencia en el nombre, y nadie lo señaló). Huelga recordar que cuando se hicieron públicas las imágenes de la primera edición de la SATI/RI-CON, muchas personas ironizaron, ofendidas, que el nombre era adecuado, pues se trataba de una parodia de las convenciones, de un verdadero conjunto de sátiras. Alguien, famosamente, añadió con elocuencia que “No sólo era una convención del Against, sino una convención totalmente Against”.

No llevó mucho tiempo para que la SATI/RI-CON, apodada por sus enemigos como “el carnaval de las sandeces”, adquiriera todas las características que la han hecho famosa: globos gigantes con la figura de Donald Trump; el cosplay de personajes históricos que van desde Hitler hasta la inquisición española; el desfile de estatuas, recibidas con aplausos y lluvias de rosas, de “ídolos populares” (como Jack el Destripador, Atila el Huno o el Guasón) representados en la ejecución de un acto asesino; la anual hoguera simbólica de los premios Nobel; la competencia de lanzamiento de hachas a maniquíes “Decapita al Sobrevaluado”; el simposio de las bazucas; o el conocido concurso de artes plásticas que imagina distintas maneras de torturar, mutilar o asesinar a Mahatma Gandhi. También están las “Arenas de Combate”, que fue lo que devino la propuesta de los debates violentos: peleas con armas auténticas y presencia de fieras salvajes, que constituyen una emulación de espectáculos como el de los gladiadores de Roma o torneos medievales tempranos; estos enfrentamientos cobran más de un centenar de muertos al año y un par de decenas de heridos (el saldo de los últimos es menor porque la mayoría no son rescatados).

Con todo, no podemos pasar por alto que a toda fuerza que surge le sigue su contrario. Mientras Against se definía y crecía, se gestaba también su antítesis: el Infavour, un sello que se identificaba a favor de la información verificada, la resolución pacífica de conflictos, el resguardo de las opiniones y la tolerancia sin condescendencia. Durante un breve lapso se puso de moda preguntar a las celebridades si eran Infavour o Against, aunque esa tendencia declinó rápidamente tras la unificación de la SATI. La evolución del Infavour fue paralela a la del Against, excepto porque nunca se oficializó, tangibilizó ni comercializó. Al revés del Against, “Infavour” siguió siendo una mera etiqueta que no iba más allá de evocar un ideal compartido básico: lucha sin guerra, discusión sin confrontación, convicción sin ignorancia.

Es debatido, como bien señala Hansleistergrum-Jones, si la existencia del Against debe considerarse algo útil, por “brindar una fuente de desahogo para gente subsocial que, de otra manera, estaría causando problemas más graves”, o bien, siguiendo a Harrisen, una “señal de que la Humanidad ha tocado fondo”; por otro lado, pensadores de la corriente de Zarzarriba aseguran que, ya que sin el Against nunca hubieran surgido el Infavour, lo más correcto es verlo como un “mal necesario”. Finalmente, se ha especulado la utilidad de dejar de plantear al Against como movimiento y empezar a considerarlo una subcultura.

Al margen de todo eso, cada vez más personas coinciden con la sentencia pesimista de Randall Harrisen: “deberíamos haberlo visto venir”. Antes de que surgiera el Against, el comediante C. Chester fue interrogado durante un talk-show sobre sus detractores en Twitter, ante lo cual manifestó con ironía: “Algunas personas no son felices a menos que estén enojadas por algo”. Sus palabras fueron proféticas.

Escrito por:paginasalmon

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