córdoba, 24 de junio de 2019, 03:24 am

¿ya viste dolor y gloria? es brillante, exquisita por donde se la mire y más que nada insoportable. para mí, todas las pelis de almodóvar tienen algo de insoportables; bueno, ya sabemos que cuando el arte nos escenifica, nos objetiva, nos evidencia, lleva hasta el absurdo actitudes nuestras que nos damos cuenta que eran nuestras en ese mismo acto de volverlas ajenas, en tercera persona desde una pantalla. dolor y gloria es una ficción de la ficción de la ficción, una apuesta visual para relatar el meollo en el que a veces nos metemos quienes tratamos de escribir las escenas fundacionales de nuestras identidades narrativas. imposible no encontrarte ahí, a vos, tan clara bordeando las escenas. imposible no llorarte, viejo amor mío, llorar cada variante del castellano ibérico de esos personajes, llorar cada una de esas miradas en las que estaba eligiendo proyectarte para poder acercarme de nuevo a vos. tengo ganas de jugar a encontrar algo que me parezca verdadero, bonica, llevarte conmigo a jugar de nuevo en ese frenesí en el que las palabras se nos acaban, en donde el mundo nos desborda hasta la capacidad de decirnos. qué linda era la vida llevándonos puestas a las dos, carajo, derribándonos los planes y las estrategias con esa fuerza irreversible del deseo.

sentarme a observarnos en esa sala de cine me volvió para adentro, me recordó los muchos interrogantes que conllevó conocerte y que aún me rondan en la cabeza. no pude todavía responder nada, sos toda preguntas, mi amor, toda duda en mis recuerdos. no sé, por ejemplo, si está bien que te extrañe como te extraño. no sé si me estoy aferrando a lo conocido por miedo a las cosas nuevas, no sé qué tan bueno está encontrarte sin buscarte en cada esquina del conventillo que me he construido por dentro. ayudame a saber si te extraño a vos o extraño tu amor, ayudame a salir de esta encrucijada: ¿hasta dónde se puede forzar la voluntad? ¿hasta dónde puede y debe llegar el amor? 

yo que lloro tan poco y almidonada, escondiéndome casi, y que mucho menos lloro con una película, lloré hasta tener todos los cachetes mojados. lloré profundo, te lloré porque te supe tan lejana, porque me atosigó el no saber cómo recuperarte a vos o a tu amor, me quedé inerme de frente a la ausencia agónica, frente al miedo de perderte por completo. 

diría que el llanto empezó en la escena del reencuentro, como no podía ser de otra manera, quizá un poco antes, hacia el final del monólogo en torno al cual se configura toda la trama. cuando empecé a escucharlo, sin saber de qué manera, ya sabía que me iba a remitir a vos, sabía que te me ibas a aparecer en esa oscuridad tan significante que circunda a la pantalla de los cines y sabía que esa película ibas a ser vos, iba a ser la imagen de la vida que tal vez tengamos, que tal vez ya tenemos desde esta tenue distancia irrebatible. lo que no supe, mientras lo escuchaba, fue encasillarte o encasillarme en una posición enunciativa concreta dentro de ese discurso: no podía ordenar las ideas, no podía conferirte ni conferirme ninguna frase concreta, pero sabía que ese monólogo hablaba de vos, de nosotras, de nuestros sueños y de las postergaciones. pero… cuando llegó a la parte en la que dice algo así como “el amor no es suficiente, el amor no basta para salvar a la persona que amas”, pude sentir cómo me quebraba, cómo se quebraba al fin toda esa coraza que me ha impedido agradecerte por haber sido y ser todavía, sino mi salvación, al menos este oasis de ternura en el fragor de mis ruinas. 

“es muy doloroso separarte voluntariamente de alguien a quien todavía quieres, aunque sea la única salida que tienes para sobrevivir”, dice almodóvar en una entrevista cuando le preguntan sobre esa escena particular. te confieso que no la resistí. no pude soportar vernos ahí, en un futuro que ya parece estar escrito con las letras de mi pasaje a barcelona, en esa resignación tan parecida a la que tienen los amputados o los que, ya de grandes, han perdido alguno de los cinco sentidos. no resistí ver a los dos personajes, si bien demorándose en un deseo desangrado por los años, a lo mejor también descubriéndose de repente los gestos de siempre, la misma complicidad. 

esa escena del reencuentro de dos personas que se han amado como nunca antes y como nunca después me resultó de pronto tan familiar y tan ajena al mismo tiempo, tan pretendidamente imposible pero tan predeciblemente real, que tuve que ponerme la mano en el corazón para lograr sobrellevarla. si te digo cómo va a ser volver a ver tu carita linda seguro te miento, en serio que no lo puedo prever, aunque de verdad agradezco que nuestra escena de reencuentro no suceda treinta años después como la de esta peli. agradezco que consintamos este diálogo que tímidamente va resurgiendo como manantial, como pedacito de algo que reclama de nuevo su lugar en lo cotidiano. 

mi amor, bombolla petiteta, perdón por idealizarte tanto. perdón por esta escritura pulsional que se va apoderando de mí otra vez, que desataste con ese pedido, con la reactivación de ese si querés tan lindo que nos inventamos juntas, con ese si quieres llámame, hoy es miércoles y estaré casi todo el día libre, te escribí una carta en la que simplemente ponía que si querías me llamaras, en la que simplemente ponía que si me quieres, me llames.

una abraçada, 

la pesada-de-ya-sabés-quién

p.d. yo no puedo hablarte y hacer de cuenta que esta escritura no me fluye, no puedo hablarte como se le habla a cualquiera luego de un silencio tan tremendo y de un amor tan irreversible. entonces, te propongo este juego, otro más de los tantos en los que te fui envolviendo desde que te conocí: de vez en cuando, y solo por esta vía de comunicación –ni tan siquiera por cartas: ya he comprobado que la mayoría de las mías no tuvieron respuesta y sin ellas no puedo reconstruirnos la memoria haciéndonos justicia, haciéndonos verdad– nos mandemos textos así, literaturizándonos. y si despacio recuperamos en algún momento esos mensajes más del orden de lo mundano, no los entorpezcamos con estas reflexiones grandilocuentes que yo sé bien que ambas necesitamos para entender y sanar todas las cosas que vivimos. me parece lo más sensato intentar salir del laberinto juntas, si tan alocadamente una vez de la mano decidimos entrar. de más está decir que podés negarte o tardarte todo lo que quieras en responder. a mí me parece casi deshonesto no mostrarte lo que me inspirás a escribir y a pensar.

Imagen de Pinterest

Escrito por:paginasalmon

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