Fotografía de Manuel Alejandro

20 de marzo 2012

Para Reyes:

Hace un tiempo que no me contestas Reyes, espero que estés bien. Lo que me falta es que mi único conocido se haya tirado de un puente. Espero que sólo me estás ignorando por la caótica naturaleza de tus conflictos o por el simple hecho de que todavía no me has perdonado por el accidente de tu gato. Le mando mis disculpas, espero que se las des también y dejemos ese suceso en el pasado.

En resumen, todo está yendo mal. En mi nuevo trabajo soy el hazme reír, ahora trabajo como administrador de la mensajería gubernamental, pésima paga, pésimas personas, pésimo todo; me han rechazado un total de 10 editoriales, ninguna otra oferta de empleo parece querer de mi participación y estoy desarrollando un tic nervioso en mi pierna izquierda. En cortas palabras, los fracasos, la vergüenza y la pena siguen su curso, sin señal de detenerse.

Mi estado empeoró hace dos días. Fue el cumpleaños de Roberto el domingo y todos los amigos de la universidad le mandaron mensajes en el grupo, salieron a tomar y casi lo canonizan. Hay que tomar en cuenta que mi madre también celebró su cumpleaños el viernes y todo el día recibió llamadas de felicitación, regalo tras regalo y hasta tres diferentes cenas, de tres diferentes personas. Toda esta ola de felicidad y compañerismo me recordó mi estado actual de miseria, por lo que tuve un mini colapso emocional toda la mañana del domingo. Pensaba que ya no tendría estos sentimientos inmaduros de celos, pero siempre hay más fondo por descubrir.

Sé que esto es una ridiculez, pero ¿es mucho pedir ser felicitado como si me quisieran? En mi cumpleaños solo tú lo recordaste tres días después. Es cierto que mi familia lo recordó también, pero eso no cuenta. Me escucho como una colegiala… repito todo va mal.

Todo ese torbellino me hizo darme cuenta el por qué la gente hace lo posible para evitarme. Si no fueras insufrible como yo, me cuestionaría de tu estado mental. Cómo envidio a esas personas que son amadas sin tener que levantar un dedo. ¿Cuál es su secreto? ¿Hay algún manual? Dime si hay un manual y envíamelo por favor.

A pesar de todo eso, todavía sigo en pie. Me di cuenta que la mejor opción que tengo no es suicidarme, sino vivir por puro despecho. Si sucumbo a la derrota puedo imaginar las carcajadas de la vida; debo de evitar eso.

Ya me he desahogado y espero que respondas, Reyes, en verdad quisiera oír tus propias quejas, espero que tu estés peor que yo, me animarías demasiado. Aún si no contestas, seguiré molestando hasta que te mudes y los nuevos inquilinos prohíban que vuelva a escribirles, tal vez ellos tengan un mejor consejo o peores vidas.

Con cariño disfrazado de odio,

 La Urraca.

Escrito por:paginasalmon

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