En la década de los 60 del siglo XX, el filósofo francés Henri Lefebvre escribió “La producción del espacio”, donde planteaba el espacio como un constructo social que se genera a partir de la conjunción de tres elementos clave: la idea que tenemos sobre un espacio físico, la manera en la que lo experimentamos, y los vínculos que establecemos con él. De este modo, Lefebvre postula que un espacio es un proceso de eterna producción bidireccional: el espacio nos produce a la par que nosotros lo producimos a él.

En el último año nos hemos replanteado nuestra manera de habitar y concebir los espacios; nos vimos constreñidos a cuatro paredes, aprendimos a dimensionar un metro y medio y a calcular aforos. El encierro nos ha hecho conscientes del espacio que ocupamos –y el que no– en todos los niveles: ocupamos espacios físicos y abstractos: cuartos, cabezas, fantasías, salas de chat. Nos desbordamos sobre las páginas de los libros, los teclados de la computadora y las pantallas de Zoom. Volviendo a Lefebvre, la manera en la que cambiaron los espacios no es más que un reflejo de lo que sucedió con nosotros durante el encierro.

Muchos encontramos en la lectura y la escritura espacios dónde explayarnos mientras las puertas permanecieron cerradas. Y es que si bien el aislamiento se nos presentó como una experiencia inusitada para la que pocos parecían estar preparados, el encierro y la literatura han convergido a lo largo de toda la historia. No es casualidad que en su ensayo Una habitación propia (1929), Virginia Woolf haga hincapié en que la manera en la que las mujeres se relacionan con el espacio físico determina cómo construyen el espacio intelectual, y no solo eso: cómo construyen el espacio intelectual determina cómo se construyen a sí mismas.   

En “Desobediencia civil” (1849), Henry David Thoreau reflexiona sobre la noche que pasó en la cárcel y define la libertad como una condición de la mente que no está sujeta al encierro del cuerpo. De hecho, algunos años después, dedica el quinto capítulo de Walden (1854) a escribir sobre la soledad y la distancia inmaterial que divide a las personas: lo que realmente nos separa no es el espacio físico, sino nuestra incapacidad de conectar con nosotros mismos y, en consecuencia, con los demás. Para Thoreau, el aislamiento reside en no saber cómo ser nuestra propia compañía, en convertir la convivencia banal en un muro de contención que nos impide alcanzar la verdadera libertad.

De este modo, la literatura del encierro es también la literatura del deseo de salir, aquella que desborda las paredes, la que busca otras rutas de escape. La literatura del encierro mira hacia adentro, realiza expediciones introspectivas, aprende a descifrar silencios y domina el arte del soliloquio. La literatura del encierro es la que encuentra en la página un espacio habitable: la que construye un espacio habitable. Al final, la literatura del encierro es aquella que nos provee espacios para existir, pensar, conversar, cuestionar y redefinir, cuando el mundo exterior deja de ser una garantía. Ahí donde una puerta se cierra, se abren los cuadernos (o bien, si obedecemos a la era que nos corresponde, las laptops. La nostalgia no siempre da para tanto).

En este decimonoveno número, Página Salmón pretende crear un archivo de aquellos espacios que nos permiten explayarnos más allá –o más acá– del umbral de la puerta. A más de un año del inicio del encierro, por fin parece brillar una luz al final del túnel, y llega el momento de preguntarnos qué tan lejos están nuestros “yos” de junio de 2021 de los que éramos en junio de 2020, pero también de rendir homenaje a ese túnel, que no fue una pausa sino un trayecto. Todos los espacios metafísicos que nos han dado cobijo estos meses de confinamiento se inscriben en una tradición literaria mayor (y, valdrá la pena mencionarlo, predominantemente femenina), pues si la lectura es viaje, la escritura bien puede ser mapa.

Escrito por:paginasalmon

2 comentarios en “Editorial 19 | Por Elena Eguiarte Pardo

  1. Me gusta, describes de manera muy clara, la experiencia de la pandemia y los límites que hemos experimentado en este último año.
    Felicidades

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