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Me gustaría ver claramente mi muerte sin sentir miedo. 
Creo que me gustaría que fuese en la cocina 

Banana Yoshimoto

Creo que todos debemos de saber que la cocina es un acto íntimo, y no hablo de intimidad íngrima, porque es todo lo contrario. Me refiero a que solo las personas que cocinamos podemos darnos cuenta del acto de amor que estamos generando.

Cuando yo tenía once años vi una película detonante para mi futuro: The Ramen Girl. En esta película Brittany Murphy rompe con su novio al visitarlo en Japón. Ella cae en una depresión que la termina conduciendo a comer ramen en una tienda al final de la calle. Comienza a asir su esperanza con aprender a cocinar este platillo, a pesar del ahínco y el esfuerzo desperdiciado, no se rinde. La película llega al ápice cuando le dicen cocina con tus lágrimas, y ella logra hacer buen ramen a partir del acto de llover sobre la comida. Pero no se trata solo de salar la comida con un ingrediente escaso, sino de dejar caer sobre el plato nuestro [                    ], o lo que sea que signifique eso. 

Concuerdo con Laura Esquivel cuando dice al inicio de Como agua para chocolate “La cebolla tiene que estar finamente picada. Les sugiero ponerse un pequeño trozo de cebolla en la mollera con el fin de evitar el molesto lagrimeo que se produce cuando uno la está cortando. Lo malo de llorar cuando uno pica cebolla no es el simple hecho de llorar, sino que a veces uno empieza, como quien dice, se pica, y ya no puede parar. No sé si a ustedes les ha pasado, pero a mí la mera verdad sí. Infinidad de veces.” Muchas veces el problema no es llorar, sino derramarse en el plato de alguien más hasta llegar a tornarlo como nuestras lágrimas o sea cual sea el [                       ] latente en nuestro [                       ]. 

Aunque siempre he querido ser como Tita en Como agua para chocolate o como Brittany Murphy en The Ramen Girl, debo admitir que me daría miedo hacer a todos llorar o masturbarse de tanto [                       ] que hay en mi comida. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en lo perfecto que sería tener ese superpoder. A veces quiero pensar que viene más del ahínco que desde nuestro [                       ]. Algo así como lo que decía Banana Yoshimoto en Kitchen, al momento de cocinar: “Yūichi y Eriko me decían a menudo: «Mikage, estás loca. Sí, lo estás». Y, realmente, como una loca, cociné, cociné y cociné todo el verano con fervor. Invertí todo el dinero que ganaba con mi trabajo de estudiante, y cuando fracasaba lo repetía todo, en un arrebato de ira, nerviosa; o por el contrario, con amor, hasta que saliera bien.”

No se trata tanto del [                      ] sino del esfuerzo que pones al plato, tal vez sea un montón de fallos y ningún buen sabor a pesar de poner todo [                      ] en él. Puedo nombrar las mil personas que se dedican a cocinar a pesar de no ser buenas, que inclusive se les quemaba el agua al iniciarse en el acto alquímico. Puedo asegurar que todas esas personas al inicio no lo hicieron por [                 ], sino para no matar o matarse de hambre. Sin embargo, y con el tiempo, gracias a los otros, se comienza a revelar ese [                       ] que les permite persistir a pesar del error, y que torna a la comida cada vez más rica. No siempre se nace con [                       ], a eso me refiero. Incluso puede que hasta el día de hoy, muchas personas que lo intentan sigan cocinando de manera insípida porque odian poner un montón de frutas, carnes y verduras bajo un montón de efectos alquímicos, y aun así, se nota el esfuerzo en cada uno de sus platillos, y no tanto por su [                       ]. Cada uno lo encuentra paulatinamente a su manera… o no. Recuerdo a un amigo que todo el tiempo me decía que su madre odiaba cocinar, y a pesar de eso se notaba su [                     ] en el momento en el que él comía lo que ella hacía, pues incluso harta y con sus platillos insípidos, no dejaba de intentarlo. Nadie se da cuenta de eso en el día a día, no sabemos qué tan hartos o gozosos estamos a la hora de cocinar, sinceramente todo eso lo ignoramos, lo importante es que comemos algo. Aunque muchas veces pienso seriamente que no importa el [                       ]. Lo que importa es intentar mejorar, no se necesita un [                       ] innato, sino no dejar de hacerlo hasta que encontremos nuestro propio [                       ] o alguna locura obsesiva en el acto rutinario que nos haga cocinar bien. 

El acto de cocinar no solo lleva los ingredientes y los procesos de cocción, es algo innombrable que tiene que ver con nosotros. Cada quien cocina a su manera y encontrará la forma de traducirse en palabras para explicar qué es eso que hace que la comida se cargue de cierto [                     ] que multiplicamos en los otros. Tal vez se trate de algo tan estúpido como [                       ], o [                       ], quizás nada de eso, puede ser [                     ]. La verdad es que no tengo idea. Lo único que sé es que, evidente o no, siempre hay una razón para cocinar. 

En lo personal yo cocino para hacer que el acto de comer no sea algo tan abrumador. Tengo una amiga a la que le cuesta mucho comer, y me llama de vez en cuando para cocinar juntes. Ponemos música, ella me ayuda con los ingredientes y yo cocino. Platicamos, cantamos y lavamos los trastes, todo en compañía para que la soledad no empolve nuestra comida. Es ahí donde se nota [                       ] que se entremezcla con la comida, los sabores y olores. Al final, siempre agradecemos vernos y decimos que la comida está más rica de lo que estaría al cocinarla en soledad. Y es verdad, si yo le cocino a alguien es para que sienta mi compañía, tal vez eso es lo único de lo que no tengo dudas. Cuando yo cocino es porque quiero que sepan lo mucho que me importa que esa otra persona esté viva. Tal vez no tenga las mejores palabras en la boca para comunicarlo, pero no es necesario cuando todos están comiendo. El acto de amor más grande es callar para degustar un platillo de lo rico que está, o eso siempre he creído: dejar que el corazón se nos infle como una tortilla hecha a mano, y al final solo halagar el buen sabor. 

Cada vez que le cocino a alguien pienso en lo mucho que agradezco que esté conmigo, y lo vuelvo ingrediente fundamental. No sé si pueda ser como Tita, Mikage o Brittany Murphy, pero sí quiero dejar, en las personas que amo, algo de mí en sus corazones y sus estómagos. Qué mejor manera de decirle a alguien que lo amas que alimentándolo. Tal vez las palabras siempre sobraron para demostrar el acto de amor. Por eso sé que lo más importante al momento de cocinar es [                                                                               ].  

Imagen por Daria Shevtsova 

Escrito por:paginasalmon

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