La Revista Página Salmón convoca. En esta década, Página Salmón ha convocado en 32 ocasiones. Es decir, 32 editoriales, 32 convocatorias, 32 discusiones sobre la temática del dossier. Hay números que nos desbordan: más de novecientos textos publicados y al menos el doble dictaminados, cientos de horas en juntas, miles de puntos y comas y acentos corregidos, muchísimo (demasiado) tiempo buscando la imagen correcta para acompañar cada entrada, interminables correos recibidos, enviados y respondidos. A diferencia de un libro, cuyo camino editorial tiene un inicio y un fin, la edición de una revista literaria implica una tarea cíclica que se renueva con la clausura de cada número. Si miramos las cifras y pensamos en sus implicaciones, casi parece que sostener una revista es una labor digna de Sísifo. Pero más allá de la insistencia en imaginar a Sísifo feliz, hay una convicción profunda y bien fundamentada que nos impulsa a seguir convocando, seguir editando y seguir reiniciando el ciclo una y otra vez: que cuando la Revista Página Salmón convoca, alguien responde. Lejos de convertirse en un camino destinado a nunca alcanzar horizonte alguno, el carácter periódico y recurrente de las revistas significa más bien que el horizonte es enorme. Cada nuevo número es una oportunidad para seguir agrandándolo.
A diferencia de un libro, que una vez que atraviesa la imprenta se convierte en un producto terminado y, por ende, aterradoramente incorregible (por lo menos hasta su siguiente edición), las revistas literarias son terrenos extensos donde caben todo y todxs. Esto no significa una pérdida de rigor, sino la posibilidad de ser flexibles con lo que se publica y a quién se publica. Hablando específicamente sobre las revistas literarias, estas pueden fungir como puerta de entrada para quienes empiezan a leer, quienes empiezan a escribir y quienes empiezan a editar. Cualquiera que escriba puede responder a una convocatoria, y cualquiera que lea puede acceder a estos más de novecientos textos. Esto es especialmente cierto en el caso de los medios digitales, y quizá sea particularmente relevante para crear una comunidad literaria en una época en la que nuestra atención se ha convertido en uno de los recursos más cotizados, en la que la inteligencia artificial nos disuade del pensamiento crítico y en la que las redes sociales tienen el potencial (altísimo) de convertirse en cámaras de eco. Pero en diez años, la Revista Página Salmón ha convocado 32 veces, y cerca de un millar de voces han respondido a ese llamado, y cientos de miles de pares de ojos han sido testigos del proceso interminable de sostener esta revista. Sísifo estaría orgulloso. Hoy, por trigésimo tercera ocasión, la Revista Página Salmón convoca.
Elena
William Paul Cook (1881-1948), editor estadunidense, fundó una serie de revistas de ficción extraña que tendrían prácticamente nada de éxito. Su primera publicación periódica fue Monadnock Monthly; le siguieron The Vagrant, The Recluse, The Revenant y The Ghost. Un editor poco constante, pero de gran espíritu. Era un admirador de Lovecraft y fue de los pocos que lo acogieron en sus revistas con verdadero entusiasmo. Sus publicaciones eran apenas folletos engrapados, de muy pocos tirajes; algunas superaban las 100 páginas y otras no llegaban ni a cincuenta. Con qué facilidad creaba revistas y también con qué facilidad desaparecían. La vida de las publicaciones periódicas, de todas las publicaciones periódicas, es parecida. Poco o nada se recuerda de las revistas pequeñas como las de W. P. Cook. Nacen con un ímpetu invencible y mueren como algo que se olvida de respirar. Poco me dicen a mí las grandes revistas literarias como Vuelta, Letras Libres, Taller, Nexos, El Corno Emplumado, etc. Grandes revistas, sin duda, pero me dicen poco. Hay en ellas un discurso que se perpetúa y que, al mismo tiempo, perpetúa el lugar de quienes las sostienen. Pocas veces se arriesgan a abrirse a otras voces y a poner en duda su discurso. Su función es clara, marcan la pauta de lo que es lo canónico, lo que debe permanecer y perpetuarse y lo que no. Pero nada que sobrevive por mucho tiempo tiende a la pluralidad y a la apertura. Lo que se mantiene por demasiado tiempo termina por querer permanecer para siempre y lo que quiere permanecer para siempre acaba por querer imponerse. Pero permanecer no es lo mismo que estar vivo. Por eso Drácula era inmortal: algo que no cambia y que al mismo tiempo se pudre. Mucho me dicen, en cambio, estas pequeñas publicaciones, aquellas que, si acaso, duran un número, tres meses, dos años o una década. Por lo regular, la vida del salmón es breve: su impulso es ir contracorriente, subir hasta donde debe llegar y después morir. Diez años ya me parecen algo sorprendente.
Jonathan
Fundar una revista, dice Beatriz Sarlo, significa “hacer política cultural”, pues con la creación de un proyecto discursivo se incide en un público contemporáneo del presente. Una revista contempla escucha y diálogo, “¿qué les interesa leer a los lectores que nos interesan?”, para responder con una serie de textos que son propuestas de lectura, satisfaciendo necesidades colectivas de leer otros textos y voces, que le hagan contrapeso a la literatura que no deja de producirse.
Pese a que al momento de fundarse se recurrió a esa analogía, hoy no diría que nuestro salmón en el nombre apele solamente a ser contracorriente, sino que representa la constancia y la resistencia con las que tres editoras y un editor sostenemos un proyecto autogestivo. Mantener una revista (con o sin patrocinio) nunca es sencillo: lxs integrantes se van, lxs colaboradorxs y lxs lectorxs crecen: el presente se vuelve pasado y, con cada número, se le da la bienvenida a un nuevo presente. De manera que “los índices de las revistas (como los catálogos de una editorial)”, dice también Sarlo, son testigos de cómo ese proyecto discursivo quiso intervenir en un público dentro de un espacio-tiempo específico y, por ello, ha tenido que ser flexible, pues, a lo largo de los años, el presente y el público cambian.
Lxs editorxs de revistas como la nuestra crean índices trimestrales o anuales, que van curando conforme les llegan una serie de propuestas por convocatoria abierta. Normalmente, no es una selección premeditada, como lo sería la planeación rigurosa de un catálogo o del índice de una revista institucional, pero tiene criterios de selección establecidos que consolidan su identidad: es la resistencia, la congruencia con la evolución del proyecto y su presente lo que la va definiendo. A la larga, todo eso vuelve rigurosa la selección.
La edición de revistas considera una lectura crítica consciente, que determina parámetros de selección. Al comprenderlo y socializarlos con nuestros pares, se puede crear una sistematización del trabajo editorial. Eso nos llevará a reconocer la responsabilidad que tenemos lxs editorxs de revistas como Página Salmón con lxs autorxs y lxs lectores dentro de un sistema editorial y literario. Justamente porque estas revistas, como proyectos culturales1, se fundan contracorriente de una tradición o un mercado y se mantienen resistiendo al espacio-tiempo que no hace más que moverse de manera acelerada.
Andrea
Editar una revista cultural constituye un intenso diálogo con el presente, no se trabaja o se leen textos que se recuperan de la memoria colectiva o que ya tienen por lo menos unas cuantas lecturas u opiniones que se puedan encontrar en un blog de crítica, en un compendio o en la reseña de alguna red social. Muchas veces puede que seamos la primera persona, además del autor, que reciba ese mensaje a manera de propuesta de colaboración, de alguien que quiso utilizar el lenguaje para salir al mundo y nosotras como editoras seamos la primera línea de lectura. Se trata de un diálogo de carácter intenso porque está dictado por un ritmo y un tiempo, al conjunto de esto en una publicación se le denomina periodicidad, que es el momento en unidades de tiempo en el que se empieza y se termina un proceso editorial. Dentro de la periodicidad vamos leyendo conforme el presente se va despojando de sus días, uno a uno. Nuestra realidad de lectura corresponde a las ideas, sensaciones, diálogos y emociones de los escritores de esta década del siglo XXI en Hispanoamérica, especialmente las que suceden en México. El ritmo y la velocidad con la que se publican estos textos depende de nuestro trabajo, en conjunto con la estructura de su gestión.
Es en este diálogo que descubro las motivaciones para llevar a cabo este trabajo de naturaleza voluntaria. En el 2016 (año en que PS inició su andadura) era una realidad que los espacios eran reducidos para que gente parecida a nosotrxs (de nuestra clase social, de nuestro capital cultural y edad) publicara. Aunque para escribir se necesitan algunas pocas condiciones materiales, publicar es otro asunto. Publicar es asistir, aunque sea brevemente, a una casa que han diseñado otros. Se intenta visitar y uno ofrece un trozo de conversación y se está un rato. A medida que van llegando más visitantes que tocan a la puerta, no solo la conversación se va robusteciendo ya que cada uno trae consigo una preocupación y un tema diferente, sino que las paredes se ensanchan y el espacio se vuelve más grande. Durante esta década de publicación de la revista Página Salmón hemos visto el advenimiento de muchas opciones para publicar o de autopublicación. Existen plataformas y medios electrónicos que ofrecen la “total” independencia del escritor y que incluso llegan a ser muy eficaces al conectarlos directamente con su audiencia. En los primeros tiempos del internet, escribir en un blog era muy parecido a aventar una botella al mar. Ahora ya no lo es. Ser editor de revista todavía en esos tiempos tenía un sentido claro. Ahora ya no tanto. De todas maneras, las motivaciones de base siguen siendo las mismas que hace +500 años en los albores del humanismo occidental, y estas son el sostenimiento y ampliación de la literacidad en nuestras sociedades. A la luz de la historia y sus transformaciones, la difusión de las habilidades de la lectura y la escritura se han vuelto sumamente interesantes (y a mi modo de ver casi providenciales), al ser desnaturalizadas de su inherente humanidad. Ser editora de una revista independiente electrónica de literatura en estos tiempos es ser una descarada y precaria invitadora, una quijotesca autoexplotada, una entusiasta sin mucho que ofrecer.
Aun así, nuevamente invitamos a lxs interesadxs a colaborar en la conformación de nuestro dossier #33 «La revista: reconocimiento del presente» el cual versará sobre las revistas independientes en el ámbito hispanoamericano. Nos interesan propuestas que traten sobre las experiencias e ideas de trabajar en un espacio así: va dirigida a colegas, editorxs de revistas independientes y autogestivas que quieran presentar su proyectos, a investigadores que posean datos o conocimientos sobre las revistas mexicanas, en español o en otras lenguas, o a lectores que deseen compartir líneas sobre su relación con esta particular forma de publicación periódica.
Ximena
- Que de acuerdo con Constantino Bértolo, se refiere a “producir bienes culturales con capacidad para actuar e intervenir en el campo cultural, entendiendo como cultura el conjunto de referentes comunes de una sociedad y por campo cultural el espacio donde se producen y donde se consumen esos referentes”. Bértolo, Constantino. Una poética editorial. Ciudad de México: FCE, 2026, p. 24. ↩︎
