Nota de la traductora: En la década de 1920, Echidna Stillwell trabajó con los pueblos N’ma de Indonesia, registrando por primera vez mitos y tradiciones cuyos orígenes se pierden en la prehistoria. Hacia el inicio del tercer milenio, las notas etnográficas de Stillwell fueron rescatadas del olvido gracias a las investigaciones de la Cybernetic Culture Research Unit. En el interés de de la divulgación científica y el intercambio cultural, presentamos ocho relatos tradicionales de los N’ma, por primera vez traducidos al español:

I

El cuento del fin

Érase una vez un tiempo en que Murrumur les hizo una pregunta a Katak y a Oddubb y, aunque esto fue hace mucho tiempo, nunca más se supo que preguntara algo. Fue Ummnu, la última de los demonios, quien provocó su duda, pues Murrumur la sentía siempre cerca y no dejaba de sentirse confundida por ella, hasta que finalmente preguntó “¿Cómo puede el final estar ya en medio del comienzo?”.

Tal fue la última pregunta de Murrumur, y probablemente la primera también, pero no sirvió de nada. Ni Oddubb ni Katak habían notado a Ummnu, pues una mitad suya está escondida en las profundidades de Murrumurr, y otra aún más abajo. Así que Oddubb se quedó extrañada, y no dijo nada.

Pero a Katak le pareció extremadamente irritante la pregunta de Murrumur, y respondió desdeñosa “¡Disparates! Yo he viajado por siempre y nunca he visto ni señas de un final, o un principio”. Con esas palabras salió hecha una fiera, como si fuese a volver a su guarida, pero en secreto salió a patrullar el tiempo una vez más, que era también la primera vez, solo para estar segura.

Después de eso, Katak se sentía más segura que nunca de tener razón, o al menos no menos segura que antes, y eso era mucha seguridad en verdad. Oddubb estaba tan perpleja que pronto hasta dudó sobre qué la había aperplejado tanto, así que lo olvidó todo. Probablemente hasta se olvidó de haberlo olvidado. Fue así que Murrumur se quedó sola con su confusión, y quizás lo resolverá al final, aunque ha pasado ya tanto tiempo que tal vez jamás lo haga.

II

El cuento de la gente-rana

Érase una vez un tiempo, que algunos dicen será muy pronto, en que Bubbamu emprendió un viaje en busca de la primera gente-rana. Viajó tan atrás en el pasado que ni Lemuria se había erigido aún, pero la gente-rana ya estaba ahí, croando y riendo.

Aunque estaba muy cansada, y se estaba volviendo tan joven que apenas podía saltar, continuó con su viaje. Eventualmente se le acabó la tierra por completo y se puso a nadar. Tuvo suerte, porque sus propias piernas se habían encogido hasta desaparecer, dejando solo su cola. A pesar de lo atrás que había llegado, la gente-rana la recibió riendo aún más que antes, que en realidad fue más tarde, o así le parecía entonces a ella.

Se sorprendió tanto de la edad de la gente-rana que se dirigió a ellas: “Díganme, ¿por qué están ya aquí, en este mar interminable, sin tierra dónde saltar ni aire con qué croar? ¡No tiene ningún sentido!”

La gente-rana siguió riendo, apuntando a la distancia donde una figura se acercaba desde el otro lado. Era la propia Bubbamu, asombrosamente vieja, cargando a tantas de la gente-rana como podía. “¡Qué broma más infantil me he jugado sola!” pensó “debo haber viajado todo el tiempo en la otra dirección, y traje a la gente-rana conmigo ¿Por qué nunca aprendo?”

Bubbamu era tan vieja para entonces, y también tan joven, que murió y desnació al mismo tiempo, y por un momento solo quedó la gente-rana. Al menos, eso es lo que la gente-rana siempre ha contado.

III

El cuento de Cucaracha

Érase una vez un tiempo en que Katak y Oddubb decidieron jugarle una broma a Murrumur.

“Maquinemos un artefacto solar que ella piense que tiene vida” dijeron “no sabe nada del sol, así que podemos trabajar en secreto”.

Poco después, cuando Oddubb iba en camino a con Katak para llevar a cabo el plan, Cucaracha, que ya era muchas, cayó del sol y pasó corriendo, justo como si estuviera viva. Oddubb quedó asombrada, y algo irritada. Cuando llegó con Katak, no pudo evitar croar con tristeza “¡Hiciste a Cucaracha sin mi! Pensé que la haríamos juntas, pero ahorita mismo pasó a mi lado. Debiste empezar temprano, porque era ya muy numerosa.”

Katak reaccionó, primero confundida y después extremadamente enojada.

“¡Yo no hice a Cucaracha!” rabió “Te he estado esperando aquí. ¡Alguien debe habernos engañado!”.

Hasta este día nadie sabe de dónde vino Cucaracha, excepto tal vez Murrumur, que nunca ha dicho nada al respecto. Desde entonces existe también Kuttadid, aunque hay quienes dicen que existía en secreto desde antes, y otros dicen que solo finge existir.

IV

El cuento de Ciempiés

Hay quienes dicen que hubo un tiempo en que los muertos estuvieron quietos. En esos días, cuando algo moría era olvidado pronto, y nadie sabía (o a nadie le importaba) su destino. Nadie había escuchado de Ixidod en aquel tiempo, y lo que sea que ella hacía (si es que hacía algo en absoluto) no le preocupaba a nadie. Nadie había escuchado tampoco de Ciempiés, quien vivía en secreto bajo una roca.

Todo cambió un día, o eso se cuenta. Ixidod, cuya percepción era muy aguda, avistó a Ciempiés cazando, reptando y escondiéndose, y pensó “Ciempiés es tan astuta y silenciosa, juntas podemos encontrar algo que nadie conoce y aprender los secretos de los muertos.”

Parece que Ciempiés debió acceder al plan de Ixidod, porque desde entonces ambos se volvieron inseparables, y quien ha cruzado a la región de los muertos se ha encontrado con Ciempiés en su camino. Los colmillos de Ciempiés ahora están cubiertos del veneno de Ixidod, que llaman “el néctar del sentido muerto”.

En cualquier caso, solo Oddubb, que acechaba cerca, vio lo que realmente pasó entre Ixidod y Ciempiés en ese momento, y ha jurado silencio mortal sobre el tema, o eso dice ella.

V

El cuento de cómo perdimos nuestras colas

Érase una vez un tiempo en que Orang Után tenía cola, y también la teníamos todos nosotros. Eso fue antes de que Orang Után cometiera un gran error e intentara engañar a la demonio Lurgo.

Se dice que Lurgo habita entre Murrumur y Uttunul, en algún lugar debajo del fondo del mar pero arriba de los gemelos en la forja. Nadie sabe cómo es que Orang Után la encontró. Tal vez era más fácil nadar hacia las profundidades teniendo cola. En cualquier caso, todos saben del trato que hicieron ahí abajo, que fue intercambiar las historias de los mundos superior e inferior. Orang Után recolectaría todo cuanto pudiera decirse de Oddubb y Katak, y a cambio Lurgo le abriría la puerta al inframundo. De haber salido así las cosas, aún tendríamos nuestras colas.

Probablemente fue Katak quien, por su impaciencia, malaconsejó a Orang Után al sugerirle que, si descendía por su propia cola, podría llegar a Uttunul sin la ayuda de Lurgo. Desde entonces Orang Után ha estado muy avergonzado para admitirlo, pero algo así debió pasar, porque Orang Után ciertamente ya no tiene cola, ni tampoco nosotros.

VI

El cuento de cómo se hizo el pasado

Hace mucho, cuando las cosas eran más viejas de lo que ahora son, no había nada que fuera antes. Eventualmente Katak se cansó tanto de que todo fuera a la vez que no podía ni perseguir su propia cola, y esto la enfureció. Tan furiosa estaba que, sin decirle nada a Oddubb, le pidió ayuda a Murrumur para enterrar el tiempo bajo el mar. Murrumur pensó en la sugerencia de Katak por tanto tiempo que Katak se impacientó y emprendió el regreso a su guarida, más furiosa que antes pues sabía que esto iba a pasar. Refunfuñó y rabió y la tierra se partió, escupiendo lava y humo, pero al llegar a su guarida se dio cuenta que, en el trayecto, la mayor parte del tiempo se había ido.

Tal vez Oddubb tuvo algo que ver, pero nadie lo sabe. A Katak no le importó, y se puso a bailar.

Murrumur aún hoy sigue considerando la sugerencia de Katak.

Desde entonces Nummako fue el pasado, pero ella siempre ha pensado en sí misma como la más vieja de todas las cosas, y hay muchos quienes dicen que es verdad. Pero la mayoría ha olvidado todo esto, porque Nummako fue hace tanto tiempo.

VII

El cuento de cómo el sol fue rasgado

Se dice que hubo un tiempo en que nada le faltaba al sol. Katak estaba enojada entonces, pero no tanto como lo está ahora. Esto era porque cada vez que cualquier cosa necesitaba beber del sol, le pedía permiso a Katak, y cada día ella se volvía más orgullosa. En realidad Katak comparte el sol con Oddub, y hay quien dice que cuando muere cada noche se esconde con Murrumur en el mundo de las sombras, pero Katak finge que todo es de ella, y a Oddubb, que es muy tímida, no parece molestarle.

En aquellos días había en la tierra un Rey-Sol que erigió vastos templos a Katak, y cada día Katak visitaba los templos y era adorada ahí mientras el sol llameaba, completo, en las alturas. Sin embargo, un día Katak encontró los templos quemados y derruidos, al Rey-Sol muerto, y al sol que, aún ardía en lo alto, manchado de pérdida.

Katak merodeó por todo el tiempo en busca del ladrón, pero terminó regresando sin encontrar nada más que marcas de quemadura dejadas por la huída del extraño. Éstas se habían confundido tanto con las propias huellas de Katak, que todavía rabiando se rindió de su cacería. Girando y aullando, escupía furiosa “Fue Tchattuk quien escapó con parte del sol y ahora se esconde afuera. No la alcancé, y ahora es demasiado tarde.”

VIII

El cuento de la plaga secreta

En un tiempo que no era éste, o no del mismo modo en que éste es, se dice que una enfermedad descendió de entre las estrellas a la tierra, y que era tan inteligente que nadie se daba cuenta de estar enfermo, y que fue la primer cosa en llegar de Mummumix. Nadie que sabe de Mummumix duda que tal es su modo de actuar, y que por ello le llaman “la que se arrastra en la niebla”, pero parece que por largo tiempo solamente Murrumur supo siquiera que había llegado, y nunca dijo nada al respecto.

Eventualmente tanto Katak como Oddubb, cada una a su manera, descubrió que las cosas habían cambiado de algún modo, a juzgar por la forma en que estaban funcionando, aunque era un cambio muy sutil. Fue así que acordaron que Mummumix debió llegar hacía mucho tiempo, pero nadie tenía idea de qué hacer. No es que Mummumix no importara, pero la forma en que importaba era un gran misterio para todas, así que nadie hizo nada.

Katak estuvo muy enojada al inicio, pero pronto volvió a otros asuntos. Oddubb se sintió turbada por un tiempo, pero eventualmente se adaptó a la situación. Murrumur guardó silencio.

Parece que debe haber un final para este cuento, ¿pero quién sabe cuál será? Pocos hablan de Mummumix estos días, y quienes lo hacen tienen poco qué decir sobre ella.

 

Textos originales disponibles en Ccru Writings 1997-2003, Time Spiral Press, 2015.

Escrito por:paginasalmon

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