A A., por el acompañamiento.

A N., donde quiera que estés.

A mí no me gusta gritar y no lo sabía. ¿Para qué gritar si no hace falta? Cuando éramos niños y hacíamos un berrinche, mi madre recurría al “no es necesario que grites, con una vez que digas las cosas es suficiente”. No alzar la voz fue una parte del proceso educativo que tuvimos en casa. En la primaria, mis profesoras se quedaban “afónicas” por tanto gritarnos a 45 niños que nos estuviéramos en paz. No era suficiente decirlo una vez con una fuerza baja de voz, yo creo que algunas profesoras de primaria o secundaria se jubilan en cuanto pueden para no gritar más –al menos diario–.

Según las enseñanzas de mi madre, el grito puede ser violento. El grito y la violencia están relacionados: grito porque quiero que me escuches o porque no me escuchas ahí dentro de tu mente, porque no me quieres escuchar: “¡yo estoy bien, tú estás mal!”, “¡déjame hablar!”, “¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta al que camina!”.

Para respirar ejercemos fuerza en el diafragma. Este modula la afluencia de aire al interior de nuestros pulmones, se inflan y desinflan con él. Al sacar o meter aire, pasará por la tráquea, la laringe –en donde están nuestras cuerdas vocales–, la faringe y luego hacia la nariz o la boca. El grito se produce por el paso del aire por las cuerdas vocales con mayor fuerza de lo normal. El grito hace que la boca se abra hasta que duelan las comisuras de los labios, que muestres la lengua y todos los dientes, y que se inflen las narinas. Después de un grito o de una serie de gritos, decimos que se nos desgarraron las cuerdas vocales. Una imagen aterradora. Cuando era niña me imaginaba que hacían el sonido de la tela que cortaban mi abuela o las dependientas de la Parisina. Aunque es cierto que, de ser común o debido a una mala articulación, estas cuerdas pueden dañarse.

El grito sale por la boca con una fuerza del abdomen de la que no somos conscientes, una fuerza que no ejercemos todos los días, a menos que haya una causa que detone ese impulso en nuestro cerebro y que le mandará un mensaje preciso a nuestro cuerpo: debemos defendernos. El grito puede manifestarse como un fonema, una palabra monosílaba o polisílaba, una frase o una oración completa. Cuando esto ocurre, es común que la sintaxis o el léxico, practicados en el habla cotidiana, se trastoquen. Ahí es cuando decimos “hasta me trabé –del coraje, del llanto–”.

La verdadera prueba de que te has quedado sin palabras es emitir un grito. A toda acción, corresponde una reacción, y eso también es el grito: la asimilación rápida y el movimiento brusco a modo de defensa por parte de nuestro cerebro que le manda señales al diafragma, los pulmones, los músculos de la boca, el paladar y el tracto respiratorio. Un grito es un golpe del sistema fonador.

En 2021 grité mucho. En cada una de esas ocasiones confirmé que no me gusta gritar. Después de hacerlo tiemblo, lloro, respiro agitadamente y mi rostro y mis manos se contraen y no puedo desentumirlas hasta que he asimilado el detonante. No siempre sucede todo esto al mismo tiempo ni todas las personas tienen los mismos síntomas. El grito es una descarga de adrenalina: por eso ejerces esa fuerza que no sabías que poseías. El grito puede estar acompañado de la pérdida de la noción de tu entorno.

El miércoles 11 de agosto del 2021, el día supe que falleciste, grité y perdí la noción de mi entorno, todo me daba vueltas, cerré los ojos y comencé a llorar sin control. Estaba sola. No sabes qué tanta fuerza tienen tus sentimientos, que tan profundos están, hasta que gritas.

Mi interés genuino sobre el duelo viene de antes. Me gusta pensar que fue un antecedente, aunque al mismo tiempo me entristece profundamente. Al comenzar este año empecé a leer todo lo que me encontraba sobre el duelo porque mi amiga D. quiere escribir un libro sobre los duelos que ha vivido y me pidió ser su acompañante de escritura. Pero yo qué iba a saber de duelo. Entonces lo compensé con lo mejor que sé hacer: leer literatura.

Chimamanda Adichie escribió Sobre el duelo en 2020 tras la muerte de su padre y se publicó en Estados Unidos ese mismo año. En 2021 me regalaron la traducción al español. A mi parecer, fue un proceso corto y rápido de asimilación y escritura. Pero yo qué iba a saber de duelo. Chimamanda describió su reacción al enterarse que su padre había muerto. Chimamanda recuerda cómo gritó y se empezó a arrancar la ropa. No hubo un blackout, lo recuerda y tuvo la entereza de escribirlo para publicarse en una editorial que millones de personas en el mundo consumimos.

Mis lecturas más destacables sobre literatura del duelo en esos meses fueron estas: El año del pensamiento mágico de Joan Didion, Las sirenas sueñan con trilobites de Martha Riva Palacio Obón y el ensayo “La noche de la demencia” de Alaíde Ventura. En ninguna recuerdo haber leído sobre el grito que precede a la muerte como sí lo leí en Sobre el duelo. Aunque por mi ignorancia corporal respecto al duelo me parecía un libro apresurado, después me sentí identificada con algunos fragmentos.

El grito fue mi método de defensa. No le he preguntado y no quiero preguntarle a la persona que me habló por teléfono, y me dijo que habías fallecido, qué sintió al oírme gritar del otro lado de la bocina; tampoco he querido saber su proceso para pronunciar las palabras adecuadas: “ya falleció”. A continuación, grité la palabra no casi al centro del patio en donde convergen todos los edificios de departamentos de mi unidad. Horas más tardes sentí una vergüenza fugaz: ¿cuántos vecinos me habrán oído?

Mi sistema fonador se reinició en ese momento, solo podía llorar y emitir un alófono de la /a/. Fue una /a/ pesada, derrotada, alargada y triste. Luego, recuerdo bien decir: “no es cierto”, y repetirlo varias veces. ¿Cuántas veces aquellas paredes habrán vibrado en sintonía con la tristeza gutural, por las malas noticias, en una unidad de edificios viejos por los que hemos pasado tantas personas extrañas?

Después de leer literatura del duelo, pensé que debía leer sobre la escritura como parte del proceso terapéutico, a la que ya me había introducido gracias a Las mujeres que miran a los hombres que miran a las mujeres de Siri Husvedt y un par de cartas y entrevistas incluidas en La frantumaglia de Elena Ferrante. ¿Es la escritura terapéutica? Ahora, con más convicción que nunca, por mi experiencia no solo lectora sino sensorial, puedo afirmar que la escritura puede ser parte del proceso.

Cuando falleciste, A. y yo nos mandamos mensajes de texto. ¿Qué importaban la sintaxis y la ortografía en esas comunicaciones? La escritura del duelo se transcribe con muchos [sic] al final de cada párrafo. A veces envidio la fe de A.: “Es duro, pero reconozco que esta es la voluntad de Dios y la Biblia dice que su Voluntad es buena agradable y perfecta… solo a veces nos falta tiempo y la perspectiva adecuada para poder comprenderla”. “Te quiero mucho, A.”.

Sobre el grito mis únicos referentes son más bien gráficos y los he usado con fines investigativos. Los grabados que conforman Expressions des Passions de l’Ame (1723) del artista Charles Le Brun se realizaron para ilustrar su teoría presentada en la Conférence sur l’expression générale et particulièr (1688). De acuerdo con Paula Mues (2009), el artista desarrolló una teoría acerca de las expresiones del alma y sus consecuencias en los movimientos del ánimo que se reflejaban, sobre todo, en el rostro, mencionó que esa charla acerca de las expresiones temporales o pantognomía, debería ser complementada con el estudio del carácter del hombre desde su apariencia física o fisiognomía (Mues 296).

¿Acaso alguien sabe exactamente cómo se ve cuando grita, llora o se ríe? Y quien haya tenido curiosidad de observarse, ¿qué piensa de sus propias pantognomías? ¿Es esa expresión el fiel reflejo de los sentimientos más profundos y arraigados del cuerpo? Si ocurren inesperadamente, ¿cómo distinguir si como me veo gritando consignas en las marchas es como me veía el 11 de agosto al medio día en el patio de mi edificio?

Le Brun nos muestra la expresión temporal de dos tipos de dolor: el dolor corporal simple (imagen de encabezado) y el agudo (imagen en el cuerpo). No hay una sola morfología del grito. Como Le Brun, solo podemos enunciar la teoría; ensayo desde mi experiencia, cómo ha sido mi método de defensa ante el dolor. Ilustro la morfología de mis gritos con palabras, cómo sentí la contracción de los músculos de mi rostro. Una écfrasis del performance corporal que fue aquel grito.

Un grito es un poema expresionista. Podríamos compilar un poemario con las écfrasis de gritos que hemos emitido a lo largo de nuestra vida: todos serían diferentes. Un grito es una reacción asociada a la violencia, pero también es una reacción agónica, un golpe en seco o una cubetada de agua helada sobre el oyente, un mensaje performático: el sistema de comunicación completo. Un grito es una de las manifestaciones más puras del dolor.

No hay palabras que alcancen para describir el dolor. “No sé qué decir”; por eso, grito.

“Douleur corporalle Simple” y “Douleur aigue”. Charles Le Brun, 1732. Tomadas del Met Museum

Referencias

Adichie, C. (2021). Sobre el duelo. Ciudad de México: Literatura Random House.

Mues Orts, P. (2009). El pintor novohispano José de Ibarra: imágenes retóricas y discursos pintados. Tesis de doctorado. UNAM.

Escrito por:paginasalmon

Un comentario en “Morfología del grito | Por Andrea Ortiz Morales

  1. Tienes toda la razón. El grito duele y duele mucho cuando al que amamos se va, duele el cuerpo, la garganta, duele cuando las fuerzas se acaban, el ver partir a ese ser amado. Pero sigue doliendo más cada día esa ausencia. Quien no ha vivido una perdida no entenderá aún. Gritar por lo que se avecina, la soledad, el no estar acompañada, la escucha, la complicidad. Gritar duele pero es sano y nunca terminas de gritar, por más q te resignes. Dejar ir, perdonar, agradecer por el tiempo que estuvieron a nuestro lado. Entiendo por la perdida de padres, amiga y confidente, tu mascota q deja un gran vacío en nuestras vida. Sabes escribo y la garganta duele, ese nudo que se hace. Y hay que gritar ese dolor. Gracias por tu reflexión y seguiré gritando esperando sanar.

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