En el comienzo la definición fue difícil. Scott McCloud (del clan McCloud) hizo todo el trabajo por mí en su popular trilogía Understanding Comics, Reinventing Comics y Making Comics. Su aporte comienza con un público ficticio que intenta comunalmente definir los cómics, Scott propone secuential art y va avanzando a secuential visual art, luego a juxtaposed secuential visual art, después a juxtaposed secuential static images, seguido de juxtaposed static images in deliberate sequence, y cuando creemos que va a algo muy específico, nos damos cuenta que imágenes estáticas yuxtapuestas en secuencias deliberadas es un muy buen modo de definir palabra escrita. Para zanjar la discusión, terminamos con una definición gigantesca sobre algo que sabemos (y a la vez ignoramos): Juxtaposed pictorial and other images in deliberate sequence intended to convey information and/or to produce an aesthetic response in the viewer, que es un modo rimbombante de decir CÓMIC. Pero esto es igual de arbitrario que el tiempo de un reloj.

Haciendo uso de la licencia poética que una definición tan específica y a la vez inexacta (porque puede llegar a serlo en el neomuralismo) o caduca (por que el estatismo ya no define a todos los tipos de comic), fuimos y venimos a muchos otros lugares donde se encuentran las narraciones gráficas. La situación es la misma: estamos reeditando lo editado, rehaciendo lo ya hecho, revisitando lo visitado. Esta es una columna retrospectiva e indagatoria, pero también es una columna con ánimos calificativos. Como los relojes, tal vez estamos destinados a regresar al mismo lugar, al mismo tiempo.

Es necesario, así sin retórica, entender que el discurso visual y la narración gráfica son parte integral de algo mucho mayor e importante, que surgió con muchas versiones de las mismas máscaras: próceres, mártires y misfits metidos dentro de su propia publicidad. No nos engañemos, la carrera política empezó hace mucho tiempo. Estamos condenados a mirar mientras entre ellos se soban y se pegan. La constante narración de redes sociales está sirviendo con fines de lucro. Es un interminable flujo político para manipular, tergiversar, combatir, enaltecer, salvaguardar, aterrorizar, esculpir, pegar, parchar, popularizar, corregir, crear, destruir y prácticamente todo lo que te imaginas, a uno y otro (y otro y otro) bando. El peor reloj es el que no tiene pila.

Basta de ejemplos y versificaciones superfluas, plásticas, inmaduras y protoarcáicas (o sea, basta de ver el mundo como Black Mirror, o como yo le llamo: el Cruz Azul de las series). Es importante ahora mismo, para el país y para nuestra generación, entender que la narrativa gráfica es [intended to convey information and/or to produce an aesthetic response in the viewer], o lo que es lo mismo, todo lo mostrado es mostrado así intencionalmente. EN TODOS LOS MEDIOS. Vamos a palabras mías: la política es retórica incluso visual. En palabras del mercado: ¡el diablo! ¡el diablo! ¡ahí va el golpe! En el fondo todos los relojes dan una hora distinta.

La vida política está dividida en dos partes, algo así como el día y la noche. Ésta promete ser una de las campañas más sucias (qué digo sucias, asquerosamente viles) que se haya visto jamás. Twitter, Facebook, Instagram y todas las plataformas y redes sociales están en constante monitoreo de sus usuarios, en orden de crear perfiles y pruebas que permitan acercarse al público, conocer sus intereses y más importante aún: cómo engañarlo. Cada reloj es un engaño.

Cae un poco en la paranoia del gran hermano, pero es cierto: cada click, cada búsqueda, cada fotografía y cada publicación está constantemente monitoreada y formándonos a nosotros como parte de las estadísticas. Las series y películas que nos sugiere Netflix son solamente la delgada línea que divide la megalomanía del control total y absoluto de las masas, pero si tomamos éstas como la liga española de fútbol, los políticos son el Real Madrid [porque así como existía el club de Toby, existe todavía el club de Franco]. Hasta los relojes rotos son ciertos dos veces al día.

A todo esto ¿se enteraron que están reeditando Watchmen por número y no por volumen? (¿y que es más fácil llegar al sol que a encontrar los números?) Era cuestión de tiempo tener encima a los acaparadores (tú que compraste 5 números 1 porque eran todos los que había: ten $1, ve a la tienda y cómpratelo de madre). Y sí, está cabrón conseguirla, pero ¿por qué seguimos comprándola? Esta es la parte de la columna en la cual comparo una reedición con los procesos electorales: hay expectativa, se hace una campaña publicitaria, y aunque ya sabemos lo que hay, volvemos a comprarlo por una de tres razones: no tuvimos suficiente, no lo teníamos en nuestra casa, o somos estúpidos. No nos metamos en discusiones políticas y económicas que no van al caso, yo solamente quiero recordar que alternancia es una palabra más falsa que la existencia de familia natural. Hubo elecciones ganadas por más del 90% de los votos. Hay muertos que votan y votos que matan, y lo más importante, estamos expuestos a los discursos visuales más inmediatos de la historia. En todos los cuartos, el segundo reloj está de más.

La política es un árbol y todos sus actores son frutos que caen cercanos al tronco. Ya llevo muchas metáforas. Podemos sentirnos lo inteligentes que queramos, pero estas cosas son más básicas que la canasta. No sé si esta columna vivirá para ver toda la carrera electoral, pero si no sucede, solamente espero que quepa un poco de cordura y sensatez en nosotros, como generación, como país y como especie, para no equivocarnos tanto al momento de votar. Vuelvo por última vez a la reedición de Watchmen: quien controle aquí está perfilando las imágenes para tener presidenciables. Cada reloj tiene a su cargo un humano para torturar.

Yo no creo que Moreno Valle tenga cara, ni creo que Eruviel Ávila haga un Jesucristo y regrese de la tumba en la que lo enterraron con su carrera política. Tampoco creo en Mancera ni en Zavala, no estamos para milagritos. De cualquier modo, tampoco creo en el nuevo Pri, el nuevo Pan, la nueva izquierda ni los nuevos políticos, ni creo que mi voto pueda ser mercable y tenga un precio, como lo quiere hacer muy en el fondo el mesías Kumamoto. Soy mucho más un pesimista apático que un actor político, pero si de algo sé, es de discursos visuales, y puedo asegurar que ni Kumamoto va a arrasar con todas las sonrisas transmitidas en vivo por Facebook y la buena onda, ni vamos a desaparecer al PRI reportando todos los bots y cuentas falsas, ni Plumas Atómicas va a recuperar mi confianza, ni SDP va a ganar credibilidad, ni el Deforma va a volver a ser lo que fue. Lo único que pido es un poco de cordura, escepticismo, recordar que todos estamos en el mismo barco y que a pesar de los que creen que somos una sociedad escalonada, al final es un llano (ya los vi, esperando que diga que está en llamas, pero no me vayan a demandar). En todos los cuartos el segundo reloj es el errado.

Dije, la vida política está dividida en dos partes, y sí: las campañas, y las campañas bajo el agua. Se está cocinando una de las elecciones más raras y difíciles de la historia de México, pero al mismo tiempo, es todo lo que ya vimos, en diferentes presentaciones. El cártel de los guapos, el cártel de los ricos, el cártel de los mochos, el cártel de los huecos, el cártel de los fáciles, el cártel de los mártires, el cártel de los chapulines y el cártel de los topos. Todos son, sin embargo, del mismo cártel, que nunca deja escapar el varo a alguien que no haya vendido su alma previamente. Y lo único que no vuelve es el tiempo, hay que vigilar el reloj y más que nunca tenemos que vigilar a los vigilantes. Un reloj sólo funciona con todas sus partes.

PS: Gracias por estos 12 números. Aquí termina 1602: Año 1.

Imagen tomada de Blablaocio

 

Posted by:paginasalmon

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