Nada es tan entretenido

como pasar las noches escribiendo a

alguien que jamás contestará.

Se pasa uno interpretando silencios.

Carta No. 3

Hace unas dos noches, mientras navegaba en la red, me encontré con una línea que rezaba así: “Dios te devolverá todo lo que el enemigo te quitó”.

No sé cuál de todos mis posibles enemigos te habrá arrebatado de mis brazos. No sé si debería echarle la culpa al tiempo, a la verdad que constantemente busca la luz, si a ti, a secas, o al destino. No sé quién me odió tanto, Victoria, pero después de haber leído aquella línea, yo para mí misma dije, no veo la hora de que Dios te devuelva conmigo. Y suspiré.

Carta No. 50 

Victoria, un curioso me ha preguntado por ti. Le he dicho que de nuestra historia tengo dos versiones, una creíble y otra increíble, como Pi. 

Me pidió la creíble, así que le he contado que eres traductora de libros, cómo nos conocimos en una universidad, y que terminaste enamorada de mí cinco meses después, le hablé de tus constantes viajes a verme, y del par de veces que te fui a visitar. Le conté que nuestro amor era común, que por servir se nos acabó. Le conté de la insoportable distancia y que te fui infiel una vez. 

Cuando este individuo me interrogó por segunda vez, pero ahora sobre estas cartas, le he dicho que no se esmere en querer atar cabos, que son sólo ficciones mías, una manera de condenar a muerte mi esperanza y luego perdonarla, alegando que hago bien en seguirte esperando, Victoria, para poder seguirte escribiendo.

Carta No. 55 

Dios ampare a tus enemigos, son hombres muertos; porque si a mí, que te amaba y decías amarme, me has apuntado a quema ropa y sin remordimientos, sabiendo que podía morir, a ellos, yo no sé. 

Lo lamento y suplico a Dios por el pobre Diablo 

que se diga tu enemigo.

Carta No. 71 

Noviembre 23, 2017

Victoria:

A Néstor lo ha encontrado su perro, no sé cuánto tiempo después de haberse separado. 

El perro lo ha seguido por dos semanas al trabajo, y siempre regresa a casa con él. 

Victoria, ese perro me ha enseñado algo, que tú no me quieres encontrar.

Carta No. 75 

Diciembre 20 del 2017

Mientras tú prefieres mis versos y no mis besos, a mí el frío me rompe los labios, me limpio y lubrico la herida con la lengua a salivazos. Estoy empezando a congelarme. No sé a las cuántas veces alguien alcanza el título de antropófago, sanguijuela o vampiro, pero yo ya me he probado diez veces esta mañana. ¿Sabes tú? 

La octava vez, acaricié con la punta de mi lengua las grietas que se me abrieron en un intento por sonreír, mi carne estaba tierna, la sangre fresca, me dediqué a investigar mi sabor. Victoria, seguro es que todos sabemos a lo mismo, a hierro, a metal oxidado y viejo, yo me lo dije mientras seguía investigándome. Qué malos sabores, mi lengua estaba odiando ese gusto a no sé qué, seguramente a matadero y homicidio, a plasma sabor guerra e inmundicia, qué sabor tan único a vida, muerte y herida, a mar muerto y depravación. No me gusta este sabor. 

Cariño, de niña yo quería ser geógrafa, geóloga, en mis fantasías quise ser astronauta. Lo sabes tú, que terminé siendo fotógrafa aficionada, subordinada, queriendo ser poeta y como aprendiz de escritor.  Nunca, ni en mis pesadillas pensé en la posibilidad de ser caníbal o sanguijuela, y la verdad es que soy demasiado humana para llamarme perra, es la primera vez que estoy lamiéndome la herida sobre mi piel, yo me curo con gasas, analgésicos y alcohol. 

Dime, ¿cuál es el propósito de haberme dejado una herida goteando eternamente en el pecho? ¿Por qué dejarme congelar los labios sin tus besos? ¿Para qué vampiros o sanguijuelas me has dejado aquí?

Carta No. 81 

Mañana muere enero, de 2018.

Victoria: 

No sé si esta actitud mía significa que retrocedo, o si es que he logrado avanzar. Días no entiendo esta necesidad de escribirte y contarte qué es de mi vida, pero te juro, me hace bien. 

Seguramente has de pensar que debo estar extrañándote con más fuerza que antes, y no estoy segura si debo decirte que no es así. No quisiera exponerme a mentir, de cualquier modo sabes que siempre te he extrañado. Lo sabes. 

Anoche, Pino miraba tv y dijeron una palabra que no entendió y me ha preguntado sobre los cavernícolas; cavernícolas son los Neandertales, los hombres que vivían en cavernas, Pino. Como Pedro, Pablo. Como Victoria. Aunque cavernícolas también me parecen las madres que buscan entre los cabellos de sus hijos, aquejados por alguna plaga apocalíptica de bichos. Siempre me ha parecido una actividad primitiva de la actualidad. Contesté. 

Querida, pero Pino nada tonto me pregunto:

—¿Y Victoria?

Le sonreí y entonces dije: 

—Victoria para mí es una troglodita porque prefiero sentirme segura de que se encuentra viviendo en alguna alejada caverna, sin teléfono móvil, sin automóvil o acceso al servicio de un cartero. Pino —le dije—, a esta mujer hay que darle tiempo, un día ella reinventará la rueda, y se va a aparecer aquí. 

Así que aún tienes tiempo, toda mi vida hasta que sólo me reste un respiro, para darme luz o regresar.

Finalmente, puedo vivir sin ella y ella sin mí.

Qué manera tan cruel de comprobar,

que morir de amor, es una imposibilidad.

*De Cartas a Victoria, Katabasis editores, 2019.

Escrito por:paginasalmon

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