Roberto Coria (Ciudad de México, 1973) es investigador en literatura y cine fantástico. Licenciado en Diseño Gráfico por la Facultad de Artes para el Diseño de la Universidad Nacional Autónoma de México. Imparte desde 1998 cursos y talleres, organiza ciclos de cine y conferencias en diversas casas académicas. Fue miembro del claustro de maestros del Diplomado en Literatura Fantástica y Ciencia Ficción de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Es asesor literario del Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror “Mórbido”. Es miembro de la compañía Teatro Gótico. Coescribió las obras de teatro Yo es otro (Sinceramente suyo, Henry Jekyll) y De niños y otros horrores y es autor de El hombre que fue Drácula, La noche que murió Poe y Renfield, el apóstol de Drácula. Durante 22 años fue Perito en Arte Forense de la Coordinación General de Servicios Periciales de la hoy Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México.

Eloisa Cornelio: ¿Por qué cree que la literatura gótica y de terror cautiva a tantos públicos? ¿Esto ha sido siempre así?

Roberto Coria: Es muy curioso. Usualmente se habla de literatura gótica pero este movimiento es herencia del romanticismo inglés y tiene códigos muy acotados, escenarios que todos reconocemos fácilmente: cementerios, abadías abandonadas, apariciones fantasmales, vaya, todo queda perfectamente establecido en este momento histórico y se le suele llamar literatura gótica a todo lo que se produce de este mismo tipo cuando realmente no es así. Me gusta más la definición que da Rafael Llopis en su antología de cuentos de terror, publicada en Editorial Alianza, en ella él hace un estudio introductorio: “Antropología del cuento del miedo”, y es que el miedo es el principal objetivo de estos relatos, producir en el lector lo que H.P. Lovecraft llamaba la más antigua y poderosa de las emociones humanas. Por eso es que la literatura gótica es muy atractiva y agradable para todos, porque nos permite experimentar de manera segura esta emoción que en otros momentos sería nociva.

Yo en lo personal prefiero a mis fantasmas, a mis vampiros, a mis brujas que a un sujeto armado tratando de lastimarme, de alguna manera podemos convivir con estas emociones de manera segura porque sé que el espanto se queda en la página impresa cuando cierro el libro. Esta literatura nos permite convivir con esos temores, con esos miedos que han adquirido diferentes formas desde que somos niños. Posiblemente de pequeños les daba miedo dormir con la luz apagada, todos experimentamos el miedo en diferentes momentos de nuestra vida, y los terrores de la vida real son mucho más peligrosos.

Jonathan Rosas: Entrando ya en materia, que son las correspondencias, este género surge a la par de la época Ilustrada, donde se enfrenta lo real con lo imaginario, lo que me lleva al siguiente punto: En la literatura gótica es muy común el tropo del manuscrito encontrado y la carta del editor (que muchas veces es del mismo autor) al lector, ¿qué nos puede comentar respecto a esto, sobre todo, qué implica para los límites de ficción, realidad y la propia autoría de un texto?

Yo pienso que es un muy buen recurso que han empleados los autores desde el siglo XVIII y XIX, sobre todo porque brinda verosimilitud al relato. Hay un cierto atisbo de realismo, pareciera que mantenemos un diálogo en confidencia con el autor porque nos está transmitiendo información que validamos como cierta. Ese testimonio que es aparentemente “real” contribuye a que nosotros nos asustemos. Comenté hace un momento el estudio introductorio de Rafael Llopis, él habla y define el cuento de terror como aquel relato donde la realidad se fractura, permite el asomo de lo oculto, y finalmente lo oculto modifica completamente ese realismo en el que vivimos. El personaje termina con ese sentimiento nefasto, en donde el mundo no es como él lo percibe. Por ejemplo, algo común es que veamos una rosa en la calle, lo terrible sería que esa rosa de repente te diera los buenos días. Esa penetración de un elemento inexplicable puede provocar grandes desarreglos en un protagonista. Yo quiero pensar en una novela como El sabueso de los Baskerville de Arthur Conan Doyle. Al final Sherlock Holmes es el paradigma del pensamiento racional, y si recuerdan, en esa novela conocemos la leyenda del terrible Hugo Baskerville y del sabueso infernal que está persiguiendo a la familia. Entonces, cuando Holmes no puede explicar lo sucedido con el racionalismo que lo caracteriza se le cae el universo que conoce. O, por ejemplo, los cuentos de fantasmas de M.R. James. Generalmente sus protagonistas son personas ilustradas: científicos, historiadores, personas que se mueven en el mundo de la realidad y de repente la presencia de fantasmas trastocan la realidad. Eso, creo yo, es muy importante en este tipo de narraciones. Las correspondencias le dan al escritor la posibilidad de verosimilitud, cuando anclamos en este mundo la incursión de lo fantástico eso nos permite asustarnos mucho.

JR: También tenemos como precedente Frankestein, otra novela que es igualmente un hito del terror, que utiliza recursos de géneros intimistas: el diario y las cartas. Ambas usan esas herramientas discursivas para la narración, en ese sentido, ¿qué diría que permite a Bram Stoker transmitir el miedo y la monstruosidad mediante cartas?

RC: Yo creo que el primer aspecto para transmitir este miedo es la presencia ausente del monstruo. Leonard Wolf, gran estudioso de la figura del vampiro, dijo que de las 390 páginas de la impresión original, Drácula solo aparece en 62. El punto es que sabe vincular al lector para que complete la narración: apela a su inteligencia, logra inmiscuirse en esta cantidad de cartas, entradas de diario. Bram Stoker contaba con que el lector supiera en todo momento donde se encontraba Drácula. En Alien, por ejemplo, tampoco vemos al extraterrestre, pero sabemos que la amenaza está presente ahí; pasa lo mismo con Drácula, a pesar de que no esté de manera constante, creo que es uno de los grandes aciertos de Bram Stoker. Me gusta el tipo de narración donde el autor confía en que tú utilices tu sentido común para completar el relato.

EC: Como decíamos, Drácula existe gracias a cartas, telegramas, notas de periódico, incluso audios: es una especie de Frankenstein de la palabra y también una memoria literaria, ¿qué implicaciones tiene todo esto en cuanto a la forma de concebir al monstruo y su función en la cultura?

RC: Yo creo que logra que permanezca inolvidable en el imaginario popular. A mí me gusta mucho la película de Francis Ford Coppola de 1992, porque respeta toda esta estructura, toda la constitución a través de las narraciones de cartas, telegramas, recortes de periódico, pero a diferencia de lo que presentan, Drácula no es una historia de amor. No es una historia de romances interrumpidos, ni de reencarnaciones; Drácula buscando reencontrarse con su amor perdido es una aportación del cine, en cierta manera necesaria para atraer personas a las salas del cine; hay que recordar que es la época de Ghost, donde el romance es necesario para este tipo de historias, pero de todo lo demás es completamente respetuosa con el sentido de la novela. El Drácula de Stoker no busca conquistar el sentimiento, busca apropiarse del mundo de la razón, es el resumen de la novela: el duelo entre la razón y el pensamiento mágico. Creo que ese es el dilema crucial de la novela.

JR: Siguiendo la línea de las correspondencias y hablando particularmente de cartas y cómo el lenguaje crea realidades, ¿qué nos puede contar sobre otro autor popular de literatura de terror, H. P. Lovecraft y sus cartas?

RC: Mucho se discute sobre las filias y fobias de Lovecraft. Debo admitir que como ser humano, la pasión no puede cegar a la objetividad; si H.P Lovecraft viviera en este momento posiblemente habría votado por Trump. Lovecraft, haciendo de lado toda su misoginia, toda su xenofobia, era producto de su época: él creció creyendo que los blancos eran superiores, pero él, a pesar de eso —de ser un misántropo y un solitario— se dio el espacio para entablar una gran correspondencia con escritores novatos que lo veían como un maestro, como el hombre que les iba a ayudar; la correspondencia fue verdaderamente copiosa. Me parece que en The New Annotated H. P. Lovecraft[1] dicen que escribió más de 100,000 cartas, y eran verdaderas cartas donde hacía gala de su generosidad, alentaba a sus corresponsales a escribir, les daba recomendaciones, les daba ánimo para seguir adelante. Él supo cultivar la amistad a distancia mediante cartas. También, por ejemplo, él escribe una carta a Sonia Green, su esposa, sobre la pasión que siente por ella, pero no es una carta para nada apasionada, es completamente racional, no parece una carta de amor, parece un tratado de los sentimientos humanos. Lovecraft era muy grandilocuente al momento de escribir sus cartas.

EC:  El universo lovecraftiano (todo lo que implican los Mitos de Cthulhu) se construyó, en un primer momento, mediante la correspondencia entre Lovecraft con sus amigos y discípulos, ¿cómo es que esto ocurre? ¿qué nos puede platicar sobre esto?

RC: Yo creo que los mitos de Cthulhu son una creación colectiva. Si bien Lovecraft estableció los cimientos y muchos de los elementos importantes, fueron sus corresponsales quienes incorporaron elementos, personajes, situaciones, los grimorios; los libros malditos, por ejemplo, son aportaciones de sus alumnos. Todos ellos van aportando de su cosecha, entonces la correspondencia, esta forma epistolar de interacción, es la que va robusteciendo todo este universo.

JR: Hay un texto que recupera en su columna de Mórbido, que es un relato, una crónica imaginaria de Lovecraft viniendo a México a propósito de su amigo Robert Barlow. En ella se extiende aún más la leyenda de Lovecraft y los mitos, la influencia de esta literatura en México y como Lovecraft es alguien que está presente en muchos autores, incluso en algunos que no lo han leído directamente.

RC: Sí, el texto yo lo reproduje en mi antigua columna de Mórbido, pero es de Vicente Quirarte. Se llama “Morir en Azcapotzalco” y habla de la relación que tuvo Lovecraft con Robert Barlow. Lo que hace Vicente en este texto es imaginar qué hubiera pasado si H.P. Lovecraft no hubiera muerto de cáncer, si hubiera vivido y viajado con su amigo Robert Barlow, que es uno de sus discípulos —no el más conocido, porque varios de sus estudiosos no lo conocen— y hubieran vivido en México, pues Barlow era antropólogo, y una persona que conocía muy bien la cultura prehispánica. El hombre se suicidó en Azcapotzalco, como consecuencia de los ataques que recibió por su homosexualidad. Lovecraft lo alienta como un escritor importante, recientemente sus relatos fueron publicados por María José Esteva como Media docena de pesadillas.

JR: En definitiva Lovecraft trabajó principalmente mediante cartas. En este sentido, El horror sobrenatural en la literatura se gestó gracias a las correspondencias, no en el sentido de una obra escrita a varias manos, sino por todas las referencias que le fueron llegando desde 1925 (por oferta de William Paul Cook) y hasta 1937 (año en que seguía trabajando la nueva edición solicitada por Willis Conover) por sus amigos, colegas, conocidos y admiradores, ¿cómo es que estas correspondencias de análisis crítico y literario, devinieron finalmente en la creación de espacios que no fueran netamente intimistas?

RC: Yo creo que en sus cartas siempre reflejó la importancia de sus maestros, R.W. Chambers, William Hope Hodgson, vaya, de todas sus influencias, porque algo que tenía Lovecraft es que era un gran lector y siempre se benefició de la gran biblioteca de su abuela. Por ejemplo, le escribía a Robert Bloch y le recomendaba que leyera a Hodgson, y eso de alguna manera le permitió a Lovecraft aterrizar todas esas influencias para poder platicar de todos los detalles de la vida y de la obra de este autor: reunir todo esto y darle forma a El horror sobrenatural en la literatura.

EC: ¿Qué es lo que a Roberto Coria le gusta más de la literatura de terror? ¿En qué piensa cuando lee a Bram Stoker o a H.P. Lovecraft?

RC: De alguna manera, el sentimiento que me provocan estos dos autores, es que son, para mí, grandes ejemplos de congruencia. A ellos les encantaba este tipo de narraciones, yo pienso que nos mostraron que no sólo escribían para aprovecharse de una tradición, o para darle al público lo que quería, sino porque realmente venía de lo más profundo de su ser. En el caso de Stoker, fue un niño enfermo, postrado en su cama y solo tenía contacto con el exterior gracias a las narraciones de su madre, de la servidumbre o de lo que le contaba su padre, un aficionado del teatro, y todo eso lo intentó incorporar en su literatura. H.P. Lovecraft intentó incorporar todo el bagaje que había acuñado y yo diría que lo supo alternar con las inquietudes propias de su tiempo.

JR: Finalmente, nos gustaría que nos platicara cómo se relacionan estos autores con su obra.

RC: Bram Stoker siempre ha sido un personaje importante para mí, Drácula fue mi primer romance literario. Gracias a él conocí la figura del vampiro. El vampiro ha estado cerca de mí y a partir de que comencé a leer a profundidad la novela y conocer la vida de Stoker, se convirtió en una figura afín en muchos sentidos. Yo creo que Henry Irving, el jefe de Stoker, bien pudo inspirar a Drácula. Ese jefe terrible que quiere absorberlo todo, creo que todos hemos conocido a alguien así, alguien al que puedes amar y odiar al mismo tiempo. Yo escribí El hombre que fue Drácula, que se presentó en el teatro Juan Ruiz de Alarcón, inspirado en eso: yo pretendía hacer una biopic sobre quién o qué circunstancias pudieron haber inspirado a Drácula.

Imagen tomada de Miskatonic Aquarium


[1] La editorial Arkham House, entre 1965 y 1976, recopiló en cinco volúmenes, bajo el título Selected Letters, 926 cartas de las 100,000 que se estima escribió Lovecraft.

Escrito por:paginasalmon

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