Adentro todo era polvo, y afuera todo era agua. Claro que había más agua afuera que polvo adentro. Pero igual era mucho polvo, tanto que se alzaba en nubes a cada paso que dabas, como enjambres de bichos diminutos que, más por torpeza que por maldad, se precipitaban a invadir tus bronquios. Además de polvo,…
Leer Más


