No podía creerlo. –Está muerta, es oficial –la voz al otro lado del teléfono colgó. Con las manos sudorosas puse mi celular en mi bata y subí la mirada hacia el techo. Pasaron unos minutos antes de que pudiera recobrar la cordura. Mi vida entera pasaba delante de mis ojos en cámara lenta. –¿Qué voy…
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