Dormía en mi cama, había sido un día pesado y no quería más que descansar. Sin embargo, como sucede siempre que se quiere que la noche sea eterna, sonó la alarma de las 6:30 a.m. y esta terminó. Tardé 10 minutos más en desperezarme, también evitaba salir de mi habitación: la noche anterior mis compañeras…
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