Arde por el resplandor, es decir, por la posibilidad visual abierta por su mismo ardor: verdad preciosa pero pasajera, debido a que está condenada a apagarse (como una vela que los alumbra pero que, al arder, se destruye a sí misma) […] la imagen arde por la memoria, es decir, que no deja de arder,…
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